Sábado Negro en Traficantes de Sueños
5 de octubre de 2019 a las 18:30 horas

Duque de Alba, 13 - 28012 Madrid
Teléfono: 915 320 928
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El país de la desmemoria

Invitadas: Juan Miguel Baquero, Mirta Núñez Díaz-Balart, Pilar Navarro y Charo Arroyo


(Inicio de la crónica de Carmen Mateos)

Como en las 114 ocasiones anteriores, la tarde comienza con la música oportuna: Rozalén. Llenamos la sala de "nuestra librería favorita", que es la de Traficantes de sueños, y Rozalén nos recuerda que nos quedamos con la cuchara, la guerrera y el mechero de Justo, el joven que compartió camión con los casi-niños que iban a defender la República.
A eso venimos, a saber más cosas de aquellas gentes que tan injustamente siguen siendo tratadas.
Nos ayudan: Manolo (como siempre), Juan Miguel Baquero, Mirta Núñez Díaz-Balart, Pilar Navarro y Charo Arroyo.

Juan Miguel Baquero vivió en la memoria desde pequeño en su casa andaluza, allí supo que su bisabuelo fue fusilado. Sí, él es heredero de las víctimas, pero también nos recuerda que no heredamos ni a las víctimas ni a los verdugos de forma voluntaria. Reflexión necesaria la de Juan Miguel: tampoco es fácil para los descendientes de los verdugos saberse hijo, nieto o bisnieto del que ocupó un lugar entre los criminales.
Juan Miguel comenzó con timidez la tarea de reivindicar la memoria. No se atrevía a abordar un tema que ya había sido tan bien estudiado por Gibson, Preston o la misma Mirta con la que en este Sábado negro comparte mesa. Pero como él dice, su libro El país de la desmemoria se explica, en parte, con las palabras de Rozalén, "Si no cierras las heridas, no guardas paz". De sus primeras colaboraciones en eldiario.es, que fueron muy bien acogidas, pasó a profundizar en el tema y llegamos a esta obra cuya intención última es que se conozca, lo que tan bien ha sido ocultado, y a ser posible, también en colegios e institutos. La labor es ingente, reconoce que "queda casi todo por hacer", que es difícil la lucha contra la "desmemoria", porque esa desmemoria está cultivada con el propósito de hacer un "muro de impunidad" en torno a aquellos hechos. Ese muro provoca la soledad de las víctimas, nos dice Juan Migual, pero también le decimos que su aportación en tardes como esta, por lo menos hace un rasguño en ese muro que, indudablemente, no es inexpugnable.

Los 12 capítulos de El país de la desmemoria abarcan mucho, desde el ensayo para la barbarie, hasta la memoria viva, pasando por los brigadistas, las fosas comunes, el patrimonio de Franco o la impunidad. Impunidad que ha permitido la permanencia del franquismo en cosas tan insólitas como que todavía haya equipos que se llamen "Villafranco club de fútbol".

Son muchas las publicaciones de la catedrática de la Universidad Complutense, Mirta Núñez Díaz-Balart, que está hoy en Traficantes de sueños. Historiadora, investigadora y preocupada por la labor de divulgación, subraya que este libro, que muchos conocemos hoy, habría que estudiarlo en institutos y universidades.
Su aportación gira en torno al porqué de la desmemoria, que se traduce en el triunfo de la sumisión. Recuerda que la historia no depende del cristal con que se miren los hechos, sino que hay verdades incuestionables y datos objetivos que, en este caso, se acreditan por los números de asesinados.

Su valiosa aportación ahonda en las causas de la represión, a la que califica de auténtica estrategia. Se trataba de "tejer una tela de araña que no permitiera levantar cabeza". Siguiendo con la metáfora, podemos entender que la araña tenía cuatro patas:
- La del terror. El miedo se filtraba en frases muy al uso: "Calla, no destaques, no vayas a entrar en el punto de mira". - La del empobrecimiento. Si no acatas, no comes y no comes porque tus bienes han sido incautados, porque te has de mantener en el sótano si no has apoyado a Franco en la contienda. Con una iglesia ni mucho menos inocente, y unos triunfadores a los que llamar conservadores es un eufemismo, el poder se convierte en prácticamente absoluto. Esa media España empobrecida y en gran parte encarcelada se acoge al Patronato de Redención de pena a través del trabajo. Embalses, el Valle de los Caídos, el Arco del Triunfo... se convierten en obras dolorosamente irónicas al ser construidas por los vencidos a mayor gloria de los vencedores.
- La de la difamación. Llamar "rojo" era asimilar a la criminalidad. De ahí que hubiera que ocultarse. Ocultar significa "extirpar la memoria" y que la amnesia, tan necesaria a los verdugos, se extienda a los hijos de las víctimas. Evoca Mirta al grupo Rebaño feliz como testimonio irónico de lo feliz que se podía ser en aquella España. Desde esta crónica también se recomienda asomarse al cantar de estos jóvenes riojanos. Su aspecto y sus voces, si se tienen unos añitos, nos resultan familiares.
- La del miedo de segundo orden. Esta cuarta pata de la araña es la del escarmiento. Significaba "purgar por lo que habían hecho".

Está entre nosotros Pilar Navarro, cuya vida fue doblemente dañada: hija de represaliados y madre de una niña, que fue robada en el año 73. Una niña que hoy tiene 46 años, precisamente los mismos que Juan Miguel Baquero, con quien comparte mesa esta tarde. Pilar ve necesaria la divulgación de El país de la desmemoria, al que le reconoce el valor de estar escrito con sentimiento. Sí, es preciso que se conozca su contenido como respuesta a esas peticiones de silencio por parte de los que dicen que su voz, la voz de las víctimas, "son ganas de revolver". Se les pide "silencio y anonimato" y que se entierren los secretos que anidan en las maternidades. Y para Pilar ya no es únicamente el dolor de la maternidad robada sino el que imagina en esos hijos cuando se enteren de que han sido robados. ¿Quiénes pueden ser los artífices del reencuentro entre padres e hijos? Es de los que adoptaron de donde puede venir la restitución.

No hay duda de que estos padres van a seguir buscando a sus hijos, aunque tengan que hacerse los análisis de ADN fuera de España, aunque no acabe de promulgarse la "Ley de bebés robados". Hay mucho trabajo hecho y cuando Pilar se pregunta cómo socializar todo este trabajo, se está preguntando también qué partidos políticos ayudarán más y mejor al reencuentro de aquellos bebés y sus padres. Su última palabra de esta tarde nos implica a todos. Pilar nos dice: "Pensadlo".

Charo Arroyo nos anuncia que su aportación va a ser más informativa que emotiva, pero su trabajo nos lleva a una posguerra que sigue doliendo, aunque hayan pasado muchos años desde aquella primavera de 1939. ¿Cómo no va a impresionar la historia del Canal de los presos, el canal de los esclavos, el canal, cuyo nombre oficial es el del Bajo Guadalquivir? ¿A quién le puede dejar indiferente saber del trabajo de los presos? Sus manos, su esfuerzo sobrehumano, facilitaba llevar el regadío a las tierras de los señoritos andaluces. Los trabajos forzados de los perdedores supusieron una mano de obra sumisa y gratuita a los que habían triunfado.

Los principales cauces para este reclutamiento fueron:
- Las colonias penitenciarias.
- Los soldados republicanos que, sin ningún delito del que acusarlos, eran empleados en muchos casos para fortalecer fronteras, hacer carreteras...
Un jesuita, Pérez del Pulgar, creó el Patronato de la Merced, que se ocupaba de que los trabajadores-esclavos cobraran por su trabajo. Eso sí, con ese dinero habían de pagarse su manutención en la cárcel (de la manutención existen testimonios de médicos que aseguraban que si no se aumentaban las raciones, la mano de obra se extinguiría). El poco dinero que quedaba del poco dinero que les daban, lo cobrarían al salir de la cárcel. Podemos hacer una salvedad: si se atrevían a reclamarlo a esas grandes empresas de adictos al régimen.
Y hablando de jornales, no hay que olvidar que las mujeres-víctimas ni siquiera aspiraban a cobrar por su trabajo. Aquellas mujeres cosían para las triunfadoras, para las ricas del pueblo de forma gratuita. Imaginamos aquello ajuares bordados a golpe de lágrimas por las que lo habían perdido todo.

No, no ha habido reparación ninguna para los presos explotados, Es más, en Alemania sí se ha reparado a los trabajadores de los Campos de Concentración nazis. Aquí, no. Y cuando se piensa a qué empresas se podría imputar hoy día, son empresas de tal magnitud y poder que tal vez tendrían en su mano hundir la querella presentada. En una fotografía que ilustra la información de Charo Arroyo vemos la firma de Huarte y Compañía al pie de la Cruz del Valle de los Caídos. Que se reclamen a tan poderosos patronos aquellos sueldos que no se pagaron, por ejemplo. Puede ser que el escepticismo impida hacerlo.

Son muy expresivos los testimonios fotográficos con los que se lucha contra la desmemoria. Así, vemos los restos de fosas comunes fruto de la represión franquista con el imperdonable crimen de que la guerra ya había terminado. Vemos la fotografía de unas mujeres con sus cabellos sospechosa y tal vez involuntariamente cortos. Contemplamos cómo las monjas están presentes en imágenes de niños que se sientan en comedores colectivos con sus pies que todavía no llegan al suelo. Observamos infraestructuras grandiosas llevadas a cabo por seres derrotados a los que además se les hace saludar con el signo fascista.

¿Al muro de la impunidad es posible hacerle mella? Vosotros lo intentáis y nosotros os lo agradecemos de corazón. Gracias a los cinco.

La tarde termina con el anuncio del próximo Sábado negro. Será el 16 de noviembre. Los invitados serán: Keko (José Antonio Godoy) dibujante, Antonio Altarriba, guionista y Isabelle Touton, especialista en cómics. Se presentarán varios trabajos entre ellos "El perdón y la furia"

(Final de la crónica de Carmen Mateos)

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