Sábado Negro en Traficantes de Sueños
6 de abril de 2019 a las 18:30 horas

Duque de Alba, 13 - 28012 Madrid
Teléfono: 915 320 928
http://www.traficantes.net

Imagen Aviso 20190406

(Inicio de la crónica de Carmen Mateos)

"Yo me interesé, porque se abrió una fosa en mi pueblo", nos dice un joven antropólogo. Antes, a través de lo que le contaban sus abuelos, ya sintió que aquel asunto le importaba. Y hoy, el 6 de abril de 2019 lo tenemos antes nosotros para hablarnos de "El duelo revelado", es decir, el duelo que se produce en unas víctimas que él nos presenta a través de "La vida social de las fotografías familiares de las víctimas del franquismo".

Este antropólogo se llama Jorge Moreno Andrés y la librería que nos brinda su espacio es "Traficantes de sueños". Por otro lado, hay una Asociación, la de los Sábados Negros, que va por su 111 sesión, siempre de la mano, creación, presentación y generosidad de Manolo Rodríguez.

Hay todo un proceso previo, antes de que lleguemos a este 6 de abril. Ante la apertura de esa fosa, en 2011-12, nos dice Jorge, "como es tu pueblo, te atraviesa", después, los de tu lugar te cuestionan y, por último se entiende. Hoy, podríamos decir que no solo se entiende, sino que se desearía que lo que él realizó en los pueblos de su Ciudad Real, se extendiera a otros puntos en los que también es necesario ese duelo vivido a través de testimonios fotográficos. (Sin olvidar que su investigación ya lo ha llevado a Madrid, Valencia, Barcelona, Francia, México, Argelia, Venezuela y Estados Unidos).

La búsqueda de todas estas verdades de la posguerra española comienza por indagar en dos tipos de archivos: los institucionales (militares, municipales, de cárceles...) y las propias casas a las que, por sus apellidos, hay que ir para completar, reintepretar y reivindicar lo que de verdad pasó. Porque lo que pasó no fue que desaparecieran en la posguerra 2.500 personas, por ejemplo, sino 4000 y tampoco fue que la causa de la muerte fuera "hemorragia traumática", sino fusilamiento.

Hay además la parte que podríamos llamar filosófica de todo el asunto, la pregunta de por qué se recuerda de una determinada manera, de lo que puede significar una fotografía para que puedan leerse tantas cosas en un simple trozo de papel con imágenes. Sus arrugas, sus cosidos, sus composiciones, sus marcos... todo derrocha información y todo nos puede atravesar a nosotros, aunque no seamos de Ciudad Real ni tengamos una relación familiar con las imágenes que vemos. Y hablando de relación familiar es curioso lo que a nuestro invitado de hoy le ocurrió con una fotografía de las primeras que vemos. Cuando él va a casa de José Hermoso a llevarle la foto de su abuelo, se encuentra con que el hombre que aparece al lado del abuelo de José, es el suyo propio. Curiosamente, tambien, cuando Jorge vuelve tiempo después a esa casa, encuentra que la fotogrfía ha cambiado de lugar y ha pasado desde una caja a la pared del comedor en la que luce enmarcada. Tal vez, ese ascenso represente una continuidad necesaria entre abuelos y nietos.

El testimonio de Petra nos habla de la importancia de tener una fotografía del ser que has perdido. Ella estuvo todo un mes sacando garbanzos, "hasta dejar los dedos en los huesos", para tener esas 10.000 pesetas necesarias para recuperar la imagen paterna. Se trata de dar forma a un padre desconocido con el que a partir de ahí hasta se puede, literalmente, soñar. Y las fotografías pueden transformarse de las más variadas formas: pasar de la pequeñez de un carné a figurar en un dado, de no tener corbata a ser dignificada (suponiendo que la corbata dignifique) en un atuendo elegante (¿la mortaja que no se le pudo poner?); de ser en blanco y negro a que sea coloreada; de que se hagan las composiciones más afectivas en las que el padre muerto pueda aparecer velando por esos niños a los que él protege desde una esquina; o de que una mujer lógicamente envejecida comparta foto con un marido al que la muerte ha fijado en un rostro joven, más propio de hijo que de marido.

¿Quién está más interesado en recuperar y conservar estas fotografías? En mayor medida, son mujeres, mujeres que incluso con el argumento de que si ellas tienen hijas tienen más derecho a la propiedad de esas imágenes que un hermano, por ejemplo, que no tenga sucesores que sigan custodiándolas. Pero también es cierto que no hay un deseo de exhibirlas. Nos dice Jorge que no se entendería la historia de la España de posguerra si no tenemos en cuenta el disimulo. Nos habla del caso de Juana, hija de asesinado, que dice "No hay mejor cosa que la que no se dice", "En boca cerrada...". Hay razones de sobra para entenderlo, tal vez todas se engloben en la palabra "Miedo". Miedo a que se diga "lo mataron por algo", miedo a que los hijos no tengan una vida normalizada, miedo, tal vez el mayor de los miedos, a que hijos o nietos de las víctimas quieran vengarse. Y el antropólogo es testigo de que sí se sabía de quién podrían vengarse, eran nombres y apellidos que se conocían. Por cierto que los vencedores pudieron conservar sus nombres pero algunos de los vencidos tuvieron que cambiar los suyos porque llevaban en sí mismos la delación de una ideología. Este es el caso de los Lenin, Dimitrov, Molotof, Stalina, Libertad... (Imposible no recordar aquí el nombre de la hija de Ramón Mercader: Lenina. De ella nos habla Padura en "El hombre que amaba a los perros").

Pero conservar las fotografías, aunque no se exhiban, tiene también su peso. Como nos dice Jorge, esa imagen de los fotografiados se impone en el sentido, en el buen sentido, de que te obliga a "cargar con el muerto", a tenerlo en la mesilla, en la cartera o en la pared del dormitorio. Aunque también es cierto que su posesión te permite reinterpetar la historia, te permite ponerla en otro relato distinto al que venía emitiendo. Tampoco pueden olvidarse las fotografías que constaban en los archivos franquistas. Eran agrupadas por fichajes de sospechosos y si formaban casi un collage delirante en el que aparecía Clark Gable, pues "algo habría hecho", también.

Hay una segunda parte, que es la de los testimonioos de la cárcel y el exilio. Hay una manera de decir, desde México, "estoy vivo" y que pase la censura franquista. El exiliado que pueda llegar hasta allí mandará una fotografía desde una zona de recreo mexicana, Xochimilco, en la que él parecerá un turista. Aquí sabrá interpretarse no como una frivolidad, sino, como decíamos antes, como un nuevo "disimulo". Hay otros retratos que viajan desde la cárcel a las casas y también en sentido inverso. Por supuesto las de rejas para dentro no son las de un cadáver torturado, sino las de presos leyendo y con un confort que solo puede remitir al cinismo de la propaganda de una dictadura. Así también, si la fotografía muestra a mujeres que sonríen, puede ser porque hay un cura que les cuenta un chiste, en este caso para "vender" otro bienestar que no existe.

Y los motivos de tristeza tampoco cesan cuando algún exilio se termina. El reencuentro con la casa, no siempre es venturoso. Vemos fotografías que nos hablan de la desolación que supone venir de un entorno en el que se habla de la guerra padecida casi todos los días y se llega aquí a constantar que el silencio sobre ella es lo que impera. Es el caso de quien prefiere vagar solitario como si volviera a un nuevo e interior exilio.

Por último, si vemos el vídeo que no dio tiempo a ver, "La importancia de llamarse Avelino García", cuya dirección es https://vimeo.com/85392380, puede ocurrir que los versos de Miguel Hernández nos parezcan dedicados a los protagonistas fotografiados de este Sábado Negro: "Tanto dolor se agrupa en mi costado / que por doler me duele hasta el aliento".

Muchas gracias a la tarea y la exposición de Jorge Moreno Andrés. No solo por lo que nos ha mostrado, sino por esas frases sobre la filosofía del recuerdo en la que nos deja patente que hay una buena forma de relacionarse con la ausencia: no olvidando.

(Final de la crónica de Carmen Mateos)


El duelo revelado

La vida social de las fotografías familiares de la víctimas del franquismo

¿Quién guarda las fotografías familiares en una casa?
¿Cómo circulan dentro del epacio doméstico?
¿Qué ocurre cuando pertenecen a aquellos que padeciron la violencia política?
¿Por qué en unas casas previven y en otras desaparen?
Las fotografías de las víctimas de la guerra civil española y la psoguerra tuvieron y tienen una vida marcada y definda por este drama.
...
podemos observar cómo la vida social de las fotogarías objetiva los procesos del duelo, la gestión femenina de la historia familiar y sus secretos, las estrategias de disimulo en la comunicación con la cárcel o en el exilio, los sentimientos de pertenencia o de esperanza
...

Jorge Moreno Andrés recopiló las fotografías que le han permitido elaborar este trabajo durante un trabajo de campo de más de ocho años de duración realizado en la provincia de Ciudad Real. Desde allí, la investigación llevó a su autor a otras ciudades españolas, como Madrid, Barcelona, Valencia, y se completó en países como México, Argelia, Venezuela y Estados Unidos.

(Información obtenida del libro El duelo revelado de Jorge Moreno Andrés, publicado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en 2018, dentro de la colección De acá y allá, fuentes etnográficas.)

El duelo revelado 01

El duelo revelado 02

Y como siempre: músicas, vídeos, fotografías...