Sábado Negro en Traficantes de Sueños
6 de octubre de 2018 a las 18:30 horas

Duque de Alba, 13 - 28012 Madrid
Teléfono: 915 320 928
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La República fantástica de Annobón

(Inicio de la crónica de Carmen Mateos)

Son muchos los Sábados Negros en los que uno los comienza sin tener ni idea de la cuestión y al terminar la tarde se siente como si supiera mucho, que tampoco es eso.
Este Sábado, el que supiera algo de Annabón que levante la mano, es decir, poca mano levantada. ¿Y cómo salimos de Traficantes de Sueños? Habiendo pasado un rato estupendo y convencidos de que sabemos más que nadie de esta fugaz y fantástica República de una isla guineana.

Todo empezó como siempre: en nuestra librería favorita, Traficantes de Sueños; a la hora habitual, las 18'30; cumpliendo con la sesión que tocaba, la 106; y atendiendo a un tema de los que esta revista cultural gusta de presentar, es decir, cosas de literatura, de arte, de derechos sociales, de historia, etc.

Se trataba de la presentación de una novela, con el lujo de que fuera el autor quien la presentara. En la tarima estaban Paco Zamora Loboch y el presentador, la novela es "La República fantástica de Annobón" (Sial, 2017).

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Antes, música. Escuchamos el disco Bi Mole del grupo Máscara de 1989 en el que participó el proio autor que hoy nos visita, que nos confiesa que la música en su vida tenía un fin eminentemente práctico, 9 hermanos y buen apetito. Cuando dice que "Nuestra música siempre era fallida" percibimos enseguida que la sencillez y el sentido del humor van a presidir todo lo que nos quiera contar.
Vimos un fragmento del documental Las voces literarias de Guinea Ecuatorial que dirigió Mischa G. Hendel en 2009. En el vídeo, unas manos rasgan una guitarra o parecen seleccionar unos discos, un señor con gafas, apoyado casi sobre el mar se pregunta que quién es él y la respuesta apunta al drama de que no se siente "ni de aquí, ni de allá", sino más bien un extraño.

Lo primero que sabemos de Paco Zamora es que vino a España por el idioma y porque escribir en Guinea, en época de Macías, era "jugar a la ruleta rusa". Nació en Guinea española, en Santa Isabel, hoy Malabo, pero era hijo de annobeses y a los 8 años pasó a Annabón. Es escritor, músico, periodista (como periodista deportivo ha trabajado en Radio Nacional, en el As...); en 1991 le fue concedido el Premio Nacional de Periodismo "Julio Camba" por su ensayo "Cómo ser negro y no morir en Aravaca". Y que no se nos olvide que es también poeta, lo muestra en su libro "Memoria de laberintos" (1999).

Presentemos Annabón, antes de hablar de su República fantástica. Se trata de una isla que ronda los 20 km cuadrados, está situada a 670 kilómetros de Malabo, su capital es San Antonio de Palé, con un número de habitantes en torno a los 10.000 y que fue declarada patrimonio de la humanidad el 2 de junio de 2003 (dato al que nuestro autor no hizo alusión). Annobón se llama así porque significa, en portugués, "Año bueno" y tal vez porque eso pronosticaban los portugueses al decubrirla un 1 de enero.
A finales del siglo XV se esperó que fuera una buena plataforma de tráfico de esclavos y en esa tarea anduvo la isla. Más tarde, sobre 1600, era un emporio de algodón. Carlos III considera que tanto Annobón como Fernando Poo pueden ser buenas factorias de ese tráfico humano y en 1778 se toma Fernando Poo, pero no consiguen lo mismo con la isla de los annoboneses, que hacen frente a un ejército español. La mayoría de la revuelta está protagonizada por mujeres, que se niegan a ser esclavas.

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Viniendo a un pasado más reciente, recordamos la presidencia (1968) de Francisco Macías Nguema, primer presidente tras la independencia de Guinea, así como el golpe de estado de su sobrino Teodoro Obiang (actual presidente). Si aventuramos algo para el futuro inmediato hay que pensar en"Teodorín" (así llamado a sus 50 años), el hijo del actual mandatario, y preguntarse cómo irán las cosas si tenemos en cuenta que la prensa no nos da muy buenas referencias del personaje.

Pero entre aquella sede para la esclavitud y el presente dictatorial pasaron muchas cosas y entre ellas el asunto que Paco Zamora ha novelado: la "República fantástica" que un guardia civil, llamado Restituto Castilla González proclama en Annabón. Se trata de un joven sargento que la República española ha mandado a la isla como su delegado y que entiende que también allí ha de regir el mismo sistema de gobierno que en España ha triunfato el 14 de abril de 1931.
Restituto era culto, de izquierdas y republicano, era un personaje atípico que creyó que, con su prédica, los annaboneses iban a entender a Carlos Marx. Este republicano, no obstante, resulta ser un personaje que, digamos, "entra en tránsito", no mide las consecuencias de su determinación, es egocéntrico y desmedido. Decide crear en Annobón una especie de Ciudad Lineal que da lugar a una alineación de barracones, que vemos en una fotografía, y que no pueden sino remitirnos a su ingenuidad o a sus delirios de grandeza; calles que se llamaban "a la española" de entonces ("Victoria Eugenia", "Primo de Rivera", Plaza España...) él las rebautiza con "Pi y Margall" o "Plaza de la República"; pide que toquen las campanas de la iglesia para la celebración republicana, pero el claretiano de turno le responde que, de ninguna manera, las campanas se van a utilizar para celebrar fiestas laicas; asegura a los vecinos que se instaura el divorcio y a los vecinos, sinceramente, les importa poquísimo, ya que el concepto de familia era tardío en la isla (a partir de los 40 años se planteaban relaciones estables, no antes); él mismo irrumpe en la escuela para dejar clara la novedad republicana y se le saluda con un "Ave María purísima", al que él responde con un puño en alto y la frase "Salud y República".

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Volviendo a las páginas que hoy se presentan, Francisco Zamora Loboch nos dice que su novela es una novela familiar y el nudo de la misma es el encuentro amoroso entre el guardia civil republicano y una joven isleña de 16 años. Aquí el autor aclara que lo que familiar lo es de forma literal y le atañe personalmente. Restituto se enamora de Mapudul, que es tía del autor, y pese la juventud de la joven su mano le es concedida. En la novela, el hecho de que la madre de la joven aceptara al pretendiente sin demasiado problema lo deja muy clarito:
"Menfoy -la madre de la novia- no era mala. No. Si acaso, calculadora.
(...) solo quería lo mejor para su hija, así que afirmar que todo lo que aconteció entre Mapudul y el sargento Restituto Castilla González fue urdido por ella, es, cuanto menos, faltar a la verdad.
Cierto que le gustaba el vino (...) y que era capaz de vender lo más sagrado a cambio de una libra de tabaco de Virginia"...

No obstante, esta forma de emparejar no excluye que Restituto y Mapudul se amaran de verdad. Esa parece la idea del narrador-familiar, pues el libro lo encabeza con una cita de Vicente Alexandre que dice: "Se querían, sabedlo". La intriga de la novela está servida: sabemos, por datos históricos, que lo político se complica mucho y lo que no sabemos es cómo repercute en la vida amorosa del guardia civil y la joven annobonesa.

La tarde sació más curiosidades que la mera presentación de la novela. Supimos que esta isla es de auténticos supervivientes, con fama de indomables. Sabemos que los claretianos trataron de barrer con la cultura autóctona llegando incluso a cambiar los apellidos de los nativos y sustituyéndolos por nombres de ciudades, entre otros "caprichos". Sabemos que el triunfo de la religión católica, apostólica y romana tuvo algo que ver con el poder sugestivo de sus ritos. Nos enteramos de que si los discípulos del padre Claret estaban en posesión de la verdad, también los sanguitanes (sacerdotes de la iglesia de Annobón) se sentían con el mismo derecho respecto a la suya. Hay también una triste constatación, de que la aparición del petróleo no ha supuesto "alimento y escuela" para los desfavorecidos de siempre.

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Fueron unas horas de buena comunicación, un autor que invitaba a que quisiéramos saber más y más y unas preguntas del público que nos trajeron hasta la más pura actualidad y a preguntarnos qué pasará con China prestando dinero, sí, pero exigiendo que el proyecto que se vaya a ejecutar corra de su cuenta.

Y en un instante, la sala de conferencias se transforma en sala de conciertos y terminamos con música en vivo. Contrastan la dulzura de la cuerda y la contundencia de la percusión. La kora, instrumento en manos de Abba Suso, viene desde el siglo XIII, está hecha con calabaza, piel de vaca e hilo de pescar y en su forma están representados el mundo, el camino de la vida, la paz y la pesca. La percusión que ejercita Sefal se basa en instrumentos que connotan fuerza, mucha fuerza, cuando la mano del músico quiere arrancar atisbos de protesta.

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Abba Suso y Sefal

Gracias al autor de la novela, que además "fala galego", porque al acercárnosla nos ha brindado muchas más cosas, cosas que posiblemente deberíamos saber, pero que nos fueron escamoteadas, como tantas otras. Al presentador, qué le vamos a decir: que no nos lo merecemos, pero seguro que le da corte.

En noviembre, citados de nuevo, muchos de nosotros ahí nos encontraremos.

(Final de la crónica de Carmen Mateos)


Estará con nosotros Francisco Zamora Loboch y comentaremos su novela La República fantástica de Annobón.

1931, el Gobierno de la II República de España envía a Annobón a su primer delegado, Restituto Castilla González, joven sargento de la Guardia Civil. Corren otros tiempos, la acción transcurre en un paraje que podemos calificar de remoto, y los protagonistas son el encuentro amoroso entre un hombre y una mujer, la pasión de un profesional del orden por hacer las cosas bien, y el respeto hacia un mundo nuevo recién descubierto gracias a un destino azaroso.

Francisco Zamora Loboch nació un 28 de agosto en Santa Isabel (Guinea Ecuatorial), de padres annoboneses. Es escritor, músico, entrenador de fútbol y periodista. Como profesional del mundo de la información, ha pertenecido a un buen número de redacciones, entre las que cabe destacar Baleares, Actual, Pueblo, El Sol y El Globo. Dedicado especialmente a la prensa deportiva, ha colaborado con Radio Nacional, el diario As y 20 Minutos.
En 1991 recibió el Premio Nacional de Periodismo «Julio Camba».
Es autor del ensayo Cómo ser negro y no morir en Aravaca (Ediciones B, 1994), de los poemarios Memoria de laberintos (Sial, 1999) y Desde el Viyil y otras crónicas (Sial, 2008) y de las novelas Conspiración en el green (El informe Abayak) (Sial, 2009) y El caimán de Kaduna (Paréntesis, 2012).

Y como siempre: músicas, vídeos, fotografías...