Sábado Negro en Traficantes de Sueños
14 de abril de 2018 a las 18:30 horas

Duque de Alba, 13 - 28012 Madrid
Teléfono: 915 320 928
http://www.traficantes.net

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(Inicio de la crónica de Carmen Mateos)

102 veces nos hemos reunido en un Sábado Negro, 82 en esta librería, nuestra favorita: Traficantes de Sueños. Estamos a mediados de abril y algo suena a primavera; en otra primavera de hace 87 años se proclamó una forma de gobierno a la que no se dejó germinar.

Hoy se evocan dos historias de España, no precisamente alegres, que se encuentran, se cruzan la una con la otra y ese cruce se materializa aquí a través de un traductor y un libro. Estas historias son:

* La muerte de los jóvenes brigadistas, que dejaron su tierra, para luchar en la nuestra y que no pudieron salvar la República.

* La obligada emigración de los que, dejando también su tierra, tuvieron que trabajar en otras con un desarraigo inicial que seguro que dolía.

La primera historia tiene un nombre propio: Willi Bredel. La segunda tiene dos: Antonio y Ángela.

Willi Bredel

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Willi Bredel

Bredel fue un escritor alemán que vino a España para luchar como brigadista internacional, formó parte del Batallón Thälmann (nombre tomado del comunista alemán Ernst Thälmann, ejecutado en 1944) y fue uno de los 2217 alemanes que lucharon por nuestra legalidad republicana.
Estuvo entre los 32 supervivientes de los 400 jóvenes que formaban dicho Batallón.
Su regreso a Alemania le permitió continuar escribiendo y hoy podemos ver aquí su libro "Encuentro junto al Ebro", antes titulado "Pedro y sus amigos".
La novela se estructura en diez capítulos entre los que hay también una historia de amor, que si bien es ficción, no resulta nada inverosímil ya que en la realidad bien pudieron darse amores entre un brigadista y una maestra española.

Nuestro presentador considera el libro interesante en dos sentidos: La relación del protagonista con sus compañeros de batallón y la relación de los brigadistas con las gentes de las poblaciones en las que recalan.

Su vida transcurre entre los años 1901 y 1964, cuando vino a España ya era un escritor afamado en su país y en la lucha por nuestra democracia fue también comisario político. Esto suponía que velaba por la moral de la tropa, por procurar que llegara información y cultura.
Cuenta Bredel que los comisarios se encargaban también de restaurar la asistencia a las escuelas, reunir familias disgregadas y estar al tanto de posibles deserciones o sabotajes. Su lema era: "Primeros en avanzar, últimos en retroceder".

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Manolo Rodríguez, Antonio Barbado, Javier Ruiz y Javier Moreno

En torno a Willi Bredel aportan datos importantes, tanto Javier Ruiz (Fundación Domingo Malagón), como Javier Moreno (Asociación Foro por la Memoria Democrática). El primero, a través de la edición del libro nos dice que no hay suficiente agradecimiento a los brigadistas y eso le llevó a editar el libro cuando Antonio Barbado apareció con el texto traducido al español; para él es una forma de aportar un grano de arena más a que continúe el debate sobre la memoria histórica.
Y precisamente, el otro invitado, Javier Moreno nos habla de la memoria distinguiendo que hay varias memorias y que la de los franquistas también existe. En su Foro quieren hablar de "Memoria Democrática" y agradece la publicación del libro porque con ello se colabora a la pedagogía que tanto necesitan las generaciones venideras, a las que la Guerra de España ya no se les enseña más que de forma excepcional.
Sus actividades abarcan la identificación de lugares en los que hay algo que recordar, como ejemplo, se va a poner una placa en el Cementerio del Este y colaboran en todo lo que sea recuperar testimonios.

Antonio Barbado

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Antonio Barbado

Es precisamente un español, el madrileño Antonio Barbado, el que nos acerca el testimonio de este alemán que luchó por nuestra República. Antonio "conoció" a Willi Bradel en Alemania, supo de su obra, la literaria y la heroica, porque su emigración allí lo llevó. Siempre pensó que cuando se jubilara y volviera a España traduciría "Encuentro junto al Ebro". Antonio conoció el libro, pese a que él estuvo en la Alemania Federal y allí no se conocía e incluso hoy día hay que comprarlo en anticuarios.

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Antonio Barbado

Hay biografías en las que se transparenta el esfuerzo sin tregua y la de nuestro traductor es una de ellas. Pudo llegar a traducir porque, como él dice, en Alemania "crecimos" ("cultural y políticamente crecimos"), y aquel emigrante que comenzó por hablar el italiano y el griego para comunicarse con sus compañeros, pasó a hablar "un mal alemán", para después asistir a unos cursos, en Colonia, que le ayudaron a mejorar. Su nuevo idioma culminó cuando al hacer una ingeniería técnica, sus conocimientos del alemán tenían que ser de altura.

Los aprendizajes de Antonio no se quedaron en el idioma, sino que aprendió también que los sindicatos podían ser fuertes en las negociaciones y solidarios a la hora de ayudar. Aprendió y creó Centros Culturales de verdad y no de los que creaba Franco.

Ángela

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Antonio Barbado y Ángela

Compañera de Antonio, no contaba con hablarnos desde la tarima, pero nos supo a poco lo que ella nos contó de sus vivencias en Alemania. Ángela, palentina de una familia de diez hermanos, a sus 19 años ya estaba trabajando en una fábrica de chocolate en Colonia. Eran ciento cincuenta las jóvenes que, como ella, abandonaron su tierra para compartir trabajo y mesa con jóvenes alemanas a las que recuerda como muy, muy solidarias. Comían unas con otras, de manera que las jóvenes alemanas les ponían una tarea que consistía en aprender diez palabras diarias del nuevo idioma.
Tras un año y medio en la fábrica que la acogió, pasó a otra en la que tenía que poner etiquetas made in República Federal Alemana a productos que se importaban de la República Demócrática Alemana.

Ángela todavía se emociona cuando recuerda que el brigadista al que su marido traduce vino a jugarse la vida por la democracia de un país que no era el suyo.
Para ella, Alemania también significó conocer muchas cosas, una de ellas fue la palabra "huelga". Eso sí, aunque no supiera la palabra, sí supo rebelarse ante un trato que le parecía injusto. Llevaba un mes trabajando y sin conocer la moneda, ni gustarle la comida, pedía anticipos que al llegar la hora de hacer cuentas con la empresa, dieron como resultado que se había devorado el sueldo antes de cobrarlo. Ella, y sus 150 compañeras, escaparon a Düsseldorf en busca del sueldo perdido y el cónsul al ver el número de reivindicadoras, como ella dice "nos hizo caso".
Aprendió también la necesidad de sindicarse.
Y repite, tal vez porque su agradecimiento no se ha apagado todavía, lo buena que fue la solidaridad de sus compañeras alemanas.

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Manolo Rodríguez, Antonio Barbado y Carmen Mateos

Música, poesía y fotografías completaron la tarde.
Vimos un plano medio de Willi Bredel que parecía hablarnos de su firmeza grabada en el rostro, una manifestación londinense, mujeres que fabrican munición, el intento de salvar los cuadros del Museo del Prado, vimos soldados que pasan el Ebro...
También se nos ofreció un vídeo en el que los soldados escriben, no sabemos si cartas o diarios, los soldados descansan, en una España muy rural de la época.
La música, de "Joan & José" era la música de dos compañeros de Antonio que fueron a Alemania y el disco se llamaba "Guanyarem".
Hubo música también con la letra de Alberti, "¡A la calle!", en la que se oía La Internacional al fondo.

La tarde nos acercó el encuentro de brigadistas y emigrados que se aúnan en una España que creemos imprescindible recordar.
En uno de los vídeos que nos han remitido hay un soldado que dice: "No hay que temer el futuro, ni llorar por el pasado".
¿Seguro, joven soldado? El pasado español sí merece un llanto y no sé yo si está de más temer un poco el futuro.

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(Final de la crónica de Carmen Mateos)