Sábado Negro en Traficantes de Sueños
10 de septiembre de 2016 a las 18:30 horas

Duque de Alba, 13 - 28012 Madrid
Teléfono: 915 320 928
http://www.traficantes.net

Imagen Aviso 20160910


(Inicio de la Crónica de Carmen Mateos)

Comienzo de curso en Sábados Negros, como siempre en "nuestra librería favorita, Traficantes de Sueños" y haciendo el número 66 en este lugar (son 86 sesiones si las contamos todas).
Es 10 de septiembre de 2016 y son las 18:30. Hace calor.

La tarde discurre entre personajes reales y de ficción y entre los primeros tenemos a David G. panadero, a Fernando Ferro y a Julián Ibáñez.

Para comenzar, música como siempre, flamenco para más señas de la mano de Miguel Vargas Jiménez Bambino. Seguro que por tan italiano diminutivo no habíamos calculado que nació en Utrera. Se nos explica que debe el nombre a Gloria Lasso y a Renato Carosone. Miguel Vargas cantó una canción de ellos, los coros le decían "Bambino, Bambino" y con el diminutivo se quedó. Parece ser que fue considerado como un caso único dentro del flamenco y que su música fue demandada por los compradores de cintas en gasolineras.
No es difícil imaginarse la gasolinera al fondo cuando escuchamos La nave del olvido y nos dice que esperemos que aún quedan en sus manos primaveras y mil caricias para darnos. Las imágenes que acompañan a tan sentidas letras no desmerecen: cisnes, decorados rosas, rojos, dorados, una lágrima que resbala por una mejilla... una especie de estampitas en plan laico que tanto podían gustar a adolescentes un tanto kitsch.

Imagen Bambino

Si una película se titula El odio y además comienza diciéndote que se trata de la historia de un hombre que cae desde un piso 50 y de que el tipo, según va cayendo, se repite para tranquilizarse: "Hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien..." es fácil que tu interés ya haya prendido.

Así comienza David G. Panadero a hablarnos y a recomendarnos esta película francesa, La Haine, de 1995. Su director es Mathieu Kassovitz.

Nos invita a unas secuencias en las que vemos a tres jóvenes, un judío, un musulmán y un boxeador de raza negra que sobreviven en los suburbios parisinos. Son unos tiempos en el que el barrio casi se militariza para contener y reprimir a sus gentes. No obstante, Said sabe también burlarse de la policía y vemos su pintada en el propio furgón de los solemnes vigilantes del orden ("Said = jode a la policía").
Los jóvenes discuten sobre el grado de violencia que se puede infligir al "enemigo" y, como dice Panadero, es curioso lo personales que son las respuestas de cada uno. Los jóvenes de estos años son singulares, responden individualmente, no forman un frente común. Vemos cómo el boxeador trata de disuadir a su amigo y le dice que el odio solo lleva al odio.
Por otra parte, se nos señala la importancia de que esta película sea incuestionablemente parisina, no podría ser de otro sitio, es decir, nuevamente la singularidad para hablarnos de dónde ocurre ese odio.

David consideró esta película como un sleeper en el sentido de las películas que no parecen ser una gran cosa pero que después de ser estrenadas se convierten en permanentes en las salas. Son películas pequeñas que dan la campanada.

Imagen El odio

Se hace un paréntesis necesario para recordar a Ezequiel Pérez, Zeki. Zeki acaba de morir y es recordado por su contribución a la novela negra.
Dice David G. Panadero que ambos supieron ver el posible mercado para este modo de hacer novelas.
Es conveniente entrar en la web de la revista "Prótesis" para informarnos más sobre este personaje.
Manolo, en una conversación con él pudo apreciar su grado de crítica política radical respecto al 15M. Hubo todo un proceso de desencanto cuando fue preguntado sobre su opinión acerca de esta sentada: "Nada, sentados en el suelo, no se consigue nada", sobre la Plataforma de Afectados por la Hipoteca dijo: "Que no, que defienden la propiedad privada" y, por último, sobre Podemos, indicó: "No hay nada que hacer: son socialdemócratas".
Gradación que define a este hombre que, según Jokin Ibáñez, era un "pequeño cascarrabias" muy valioso por su autenticidad.

Imagen Zeki

Fernando Ferro nos es presentado como un provocador de la cultura y sus provocaciones pueden situarse en Pinto, en Vallecas o allá donde su llamada sea eficaz.

De su mano vamos a conocer a Gabriel Díaz Fernández, Macandé, cantaor más bien pobre, errante, gitano, hermético, soberbio, generoso y que nuestro presentador nos define como personaje de un perfil precapitalista.
La fotografía que nos muestra nos habla de un cantaor que se sitúa en un discreto plano respecto al guitarrista y del cual aunque no abunde la documentación si podemos enterarnos de cosas, ya sea a través de la biografía escrita por Eugenio Cobo, o citas que nos hablan de su inmensa pureza flamenca, otras que, también nos hablan de él como de excéntrico personaje o el valioso cómic, de estética expresionista, que en vez de llevar un orden cronológico de su vida parte de una anécdota en la que unos militares lo quieren llevar para que cante en una fiesta que ellos organizan y para ello han de sacarlo del hospital psiquiátrico de Cádiz, donde está ingresado desde sus 38 años hasta los 50 en que muere.

En un resumen de su vida, sabemos que forma parte de una familia gitana con cuatro hijos, dueños de un colmao, abandonados por el padre. Gabriel se casa con Encarna, una mujer sordomuda con la que va a tener una descendencia que tampoco va a poder escuchar su música.
Macandé se dedica, entre otros oficios, a la venta de caramelos. No solo a la venta, sino también a la elaboración de las golosinas; en su propio patio, y con una visión muy comercial, hace que los envoltorios luzcan figuras del toreo y, más tarde, de héroes del fútbol.
Dos cuestiones del personajes nos son resaltadas por su presentador: era un lector apasionado de Julio Verne y en su casa se hacían figuritas de cera, su mujer, a la que él maltrataba era la encargada de hacerlas, aparte de ejercer de modista.

Al no haber ningún registro sonoro de su obra, se nos ofrecen testimonios dedicados a este cantaor de fandangos, serranas y seguidillas. Así, disfrutamos de un fandango de Camarón y de Paco de Lucía o un pregón que le dedica Chano Lobato en 1986.

Imagen Macandé

La tarde termina volviendo al cartel que anunciaba este Sábado Negro: Personas y personajes.
La persona es el autor Julián Ibañéz, los personajes los que llenan sus novelas y sobre todo Bellón, tal vez su alter ego, esa criatura de ficción a la que un día tendrá que hacer bachiller, porque cuenta las cosas en primera persona y la propia verosimilitud así lo va a requerir.

Precisamente cuando terminábamos la temporada pasada, allá por junio, nuestro último invitado Andreu Martín nos dijo que si algún autor tenía que estar "el primero de la lista" este era nuestro autor de hoy.

El creador de, entre otras: El viejo muere, la niña vive, Todas las mujeres son peligrosas, Gatas salvajes y Canino.

Julián Ibáñez de niño anduvo por las proximidades de estos lugares, exactamente, viviendo en Tirso de Molina, donde sus padres, maestros republicanos, tenían una academia. En esta plaza jugó a las canicas y las chapas entre pies de personas que más tarde se convertirán en personajes de sus libros.
Su paso por el seminario, en Carrión de los Condes, estuvo recomendado por un arzobispo de la familia.
Pasó 12 años fuera de España, viviendo en París, Londres y Estocolmo.
Cuando comenzó a escribir pensaba que los autores europeos eran intelectualmente de corte universitario y los americanos no lo eran tanto. Él quería escribir como los segundos.

¿Y cómo es ese personaje llamado Bellón? Nos dice que no es un detective, sino un pequeño matón que necesita un billete al día para sobrevivir. Bellón no lee, ni ve la tele, ni ha ido nunca al cine. Su acción se desarrolla sobre todo en el bar y el club de alterne.
Muchas veces se mueve en la dudosa línea de la legalidad, cosa que por otra parte puede ocurrir en la vida misma, como que en una ciudad como Palencia se pueda hallar un alijo de contrabando de tabaco o puedan aparecer cuatro personas muertas en un club de alterne.
Lo que sí tiene Bellón es futuro, y muy cierto: ya está escrito, será libro en 2017. Es más, se está creando el Bellón de 2018. Bellón produce buenos ratos a su creador y mientras esto sea así...

Y hablando de literatura, Ibáñez nos comenta unas palabras de Raymond Chandler dirigidas a autores que pretenden serlo: "Analiza e imita", ahí está la clave. Según nuestro autor, no es mala cosa para empezar, ya que si el futuro autor tiene personalidad poderosa, la imitación no será tal, sino que su singularidad se impondrá y habrá nacido como autor.

Habla también del argumento como riesgo de ahogo para la espontaneidad, para él tiene más valor el mundo de las situaciones.

Panadero le pregunta que si se identifica con Almodóvar y la respuesta es que admira de él su capacidad de síntesis de lo manchego y lo postmoderno.
Síntesis hay también en algunos de los escenarios de sus novelas, en las que pueden compartir espacio en un local de Vallecas: una planta para el juego, otra para las peleas de gallos y otra, u otras, para la celebración de comuniones. Eso sí, lo que ya le costaría y no cree que haga nunca es ambientar una acción suya en un lugar en el que no haya estado, tendría que domumentarse mucho y le basta con no ser idéntico a la realidad, pero partir de la realidad que conoce.

Imagen Canino

¿Cómo fue el final? Fue con la inestimable colaboración del coro que va camino de ser estable.
En esta ocasión fue entonado un tanguillo de Cádiz, difícilmente mejorable, en el que aseguramos que nos íbamos "pa Cai" porque en La Habana "paladar no hay". El tanguillo interpretado por el inigualable Chano Lobato.

Imagen Chano

Y así quedó la tarde en la que ha dado comienzo el nuevo curso de nuestros Sábados Negros.
El próximo tendrá lugar el día 8 de octubre y como figuras de este trimestre se barajan nombres ilustres: Paco Roca ("Surcos del azar"), Álvaro Minguito (fotografías de niños sospechosamente enterrados), Marina Seresesky ("La puerta abierta", película en cartelera actualmente) y todo lo que se nos vaya anunciando y concretando.
El trimestre promete, y mucho.
Vayamos aclarando nuestras voces, por si acaso el cante se nos instala.

(Fin de la Crónica de Carmen Mateos)


En el sábado negro del mes de septiembre de 2016 contaremos con tres invitados: Julián Ibáñez, David G. Panadero y Fernando Ferro.

Centraremos el encuentro en ciertos personajes reales y de ficción que nos atraen y sobre los cuales hablaremos con nuestros invitados.

Julián Ibáñez nos presentará a uno de los personajes de sus novelas: Bellón, un superviviente en la jungla de los barrios periféricos de Madrid.
Seguiremos a Bellón a través de cuatro novelas: El viejo muere, la niña vive, Todas las mujeres son peligrosas, Gatas salvajes y Canino.

David G. Panadero nos dirá quién es Abdel Ichah, comentando la película La Haine (El odio), película francesa dirigida por Mathieu Kassovitz y estrenada en 1995 que narra la vida de tres jóvenes desheredados de la sociedad (un judío, un árabe y un negro) en un suburbio de París a mediados de la década de los noventa.
La película empieza con una noche de motines con el agitado y violento combate nocturno que oponen las fuerzas del orden contra la juventud cabreada de la ciudad de Chanteloup-les-Vignes, tras la paliza que Abdel Ichah, de sólo 16 años, ha recibido en una comisaría de policía y que le ha ocasionado heridas que lo tienen en un estado de coma grave.

Fernando Ferro nos hablará de Macandé -esa voz caló que significa loco-. Macandé, sobrenombre de Gabriel Díaz Fernández nació en Cádiz en 1897 y fallecido en 1947.
Cantaor y vendedor ambulante que hizo famosos sus pregones y fandangos. Ha sido durante mucho tiempo uno de los arquetipos del flamenco

Y también recordaremos a otros dos personajes más: Bambino y Manuel Tablones, personajes que nos interesan y cuyas vidas deseamos difundir.