Sábado Negro en Traficantes de Sueños
21 de septiembre de 2013 a las 18:30 horas

Librería Traficantes de Sueños
Embajadores, 35 - Local 6 - Lavapiés - 28012 Madrid
Teléfono: 915 320 928
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Imagen 21 septiembre 2013


(Crónica de Carmen Mateos)

La alegría de este sábado negro de septiembre era especial, ¿nos resarcíamos de la penita de aquel sábado del 2012 en el que nos despedíamos con el temor de que fuera para siempre?

La tarde comenzó con la música de Roy "&" Ivonne, que allá por los 50 llenaba de ritmo el Sombrero club y hoy nos puede enseñar a bailar el ska, con resonancias de fiesta de pueblo y también de guateque superado.

Roy "&" Yvonne - Two roads before me

Tras la bienvenida musical, ocho minutos de cine. El corto Proverbio chino de Javier San Román nos sitúa en Lavapiés, en la multiculturalidad más natural y en el espacio concreto de un restaurante chino.
El patrón anda con exigencias fonéticas con su camarero negro, que no aprende que lollito plimavela es la forma correcta de aludir al popular plato.
Hay un "Mensaje de Confucio en una galleta" que resulta de lo más oportuno: "Entristécete no porque los hombres no te conocen, sino porque tú no conoces a los hombres".

Javier San Román - Proverbio chino

Y el mensaje es oportuno porque precisamente de curiosidad, de querer conocer al otro, está hecha la obra de Leonardo Padura. Cuando se pone a conocer al ser humano le pueden salir un Trotski o dos Elías como si los conociera de toda la vida. Por suerte, estamos ahí para conocerlos nosotros también a través de su esfuerzo.

Imagen Herejes

La música de Creedence da la bienvenida a Leonardo Padura, que confirma que la curiosidad, saber más de esos novecientos treinta y siete judíos que no desembarcaron en La Habana en 1939, lo llevó a querer escribir Herejes.

El autor nos dice que este episodio vergonzoso, del que también hay testimonio cinematográfico (El barco de los condenados), estuvo marcado por:
- La corrupción del gobierno de entonces.
- Las presiones del Departamento de Estado Estadounidense.
Lo cierto es que el resultado de ambas cosas fue que los padres y la hermana de un niño judío, anhelante en el muelle, no pudieran abrazarlo y decirle "ya estamos aquí".

La curiosidad de Padura no se queda en el S.S. Saint Louis, sino que va también tras el cuadro de un Cristo "al natural"; de un pintor rebelde, Rembrandt; de una ciudad muy rica del siglo XVII, Ámsterdam; de una chica "emo" que disfruta deprimiéndose, pero que es mucho más que eso, Judith; de un antiguo policía cubano, que tal vez ayuda al prójimo más que a sí mismo; y de una persona admirable, Joseph Kaminsky, que se cubaniza sin proponérselo, se casa con la mulata Caridad y les da a su mujer y al hijo de esta "las tres cosas más importantes que puede recibir un ser humano: amor, respeto y dignidad" (y el instante en que Ricardito lo reconoce es de los más emocionantes del libro).

La novela es un reto, también, respecto a la Cuba actual. Una Cuba que tras la búsqueda del "hombre nuevo", ve sus calles llenas de jóvenes que parecen víctimas de un "cansancio histórico" y de unos adultos que, como Conde, se han pasado la vida obedeciendo. De ahí que el autor opine que cuando se plantea el límite de la libertad humana, si para salvarla hay que llegar a la herejía, se llega.

(El debate estaría en saber si el hereje se hace o lo hacen. Elías vive su necesidad de ser pintor de la manera más natural del mundo, la etiqueta de hereje se la colocan los demás. Judy solo quiere ser libre y el propio Galileo seguro que solo pretendía decir que somos nosotros los que nos movemos alrededor del sol. Lástima que su sabiduría o su anticipación o su pesimismo radical, en el caso de la joven emo, les haga cargar con tan dolorosa etiqueta).

La novela, que no evita verdades incómodas, como la de que la intención de enriquecerse es prioritaria en los judíos, es también sumamente respetuosa con ellos. Las actitudes que el autor plasma, en muchas ocasiones, están tomadas de los propios testimonios judíos (sirva de ejemplo la fuente que le supuso el libro La invención del pueblo judío).

Por último, imposible no recordar El hombre que amaba a los perros y si lo relacionamos con Herejes es preciso recordarlo en dos sentidos:
- Sin la historia de Trotski y Mercader no hubiera podido escribir esta.
- Si socialmente el primero fue útil...
Desde aquí nos atrevemos a decir que este no lo es menos, por supuesto.

Con la orquesta América del 55 y su canción dedicada a Orestes Minoso se levantó la sesión y muchos de los que disfrutamos este sábado negro, allá en el fondo, nos dijimos: "¡Qué bien, ha comenzado el curso!"

América 55 - Cuando batea Miñoso

(Fin de la crónica de Carmen Mateos)

Puedes escuchar el audio de la intervención de Leonardo Padura en la web de Traficantes de Sueños:
Audio de Leonardo Padura sobre Herejes en Traficantes de Sueños el 21 de septiembre de 2013

Imagen 20130921