Imagen Aviso 12 11 2011
Las imágenes de fondo están tomadas de la película
Sed de mal (Touch of Evil) (1958) de Orson Welles.


Sábado Negro (Extraordinario)
12 de noviembre de 2011 a las 18:30 horas
Librería Burma
Calle Ave María, 18 - 28012 Madrid
http://www.libreriaburma.es


Imagen Ernesto Mallo Imagen de Barrio del Once Imagen de Plaza de San Martín

Aprovechando la visita del escritor argentino Ernesto Mallo a Madrid realizamos una sesión extraordinaria de los Sábados Negros.

Comentamos con Ernesto Mallo las dos novelas del comisario Lascano publicadas este año: Crimen en el Barrio del Once y El policía descalzo de la Plaza San Martín.


(Crónica de Carmen Mateos)

En distinta librería, pero con la calidad de siempre, tuvo lugar la 41 sesión de Sábados Negros, a las 18:30 horas del 12-11-11.
La librería se llama Burma, personaje de cómic y novela, y está en Ave María, 18.
Ella nos acoge y nosotros la llenamos, sentados y de pie.

Para comenzar, música y vídeo de Wendo Kolosoy (1925-2008). Con la Orquesta Victoria, que él crea, nos acerca la "Rumba congolesa" que si alguien ignora lo que es aclaramos que combina: Congo y Cuba. El resultado es un ritmo marchoso y cálido que nos da la bienvenida.

La sesión tiene carácter extraordinario y la llena un solo autor: Ernesto Mallo. Un solo autor y dos novelas:
Crimen en el Barrio del Once y
El policía descalzo de la Plaza San Martín.

El autor tiene dos abuelos españoles y dos italianos, es evidente que es argentino. Recuerda a uno de los abuelos como buen contador de cuentos y recuerda también que él no fue un buen alumno, por eso su madre se sorprendió el día que la llamaron del colegio para felicitarla por la extraordinaria redacción que su hijo había hecho.
Claro que no tiene mérito, él sabe que de una familia de mentirosos puede salir, de forma natural, un literato.
Es cuestión de elegir la mentira sin riesgos, la mentira que no se vea traicionada por la memoria. A la ficción nadie le pide verdades. Por eso, se permitió bastantes géneros: drama, novela, periodismo...

Y si un abuelo le mostró el arte de contar cuentos, un "corralito" lo empujó a ganarse la vida como escritor. Por eso aparece La aguja en el pajar (primer título que tuvo Crimen en el Barrio del Once).
El premio obtenido, Alfaguara, no vino solo, sino también con la oferta de hacer película y con pago de derechos, es decir: misión cumplida y futuro clarísimo de dedicarse a esto de la escritura.

El policía Lascano protagoniza sus dos novelas, la que se sitúa en la Dictadura argentina y la de la época de la transicción a la democrática y lo primero que hay que preguntar sobre Lascano (nuestro periodista-presentador-organizador lo hace) es ¿por qué además de ser un policía clásico es también frágil y un tipo que se hace querer y entender?.
Sí, efectivamente, es así el personaje creado y el autor lo ratifica. Lascano es duro y tierno a la vez, sobre todo es honesto, cree en la justicia y quiere hacer bien su trabajo. Su virtud fundamental es la bondad (el autor parece subrayarlo).
Esta bondad pudo chocar en un principio: visto con ojos de la reciente dictadura parecía el perdón a los verdugos. No eran tiempos para creer en policías así, que además de buenos, resulta que buscan el amor.
Pero es que Ernesto Mallo está convencido de que puede haber policías así, más tarde la propia realidad se lo demuestra: alguno murió a manos de compañeros no tan buenos.

También hay una mirada distinta para los asesinos. Dice el autor que la sociedad honesta tiende a ver al criminal como un cuerpo extraño a sí misma, como un monstruo que no procede de ella misma. Y los monstruos también son humanos y son creados por esa sociedad en la que se dan.
Coches fabricados en serie, teléfonos en serie... asesinos en serie.
Solo si vemos a los criminales como fruto de la propia sociedad podremos hacer algo por evitarlos. Habría que preguntarse, también, en dónde están los verdaderos criminales y buscarlos en el mundo del dinero y el poder.

El personaje de Lascano evoluciona en la segunda novela, ha pasado a no entender su entorno, se pregunta qué hace en medio de ese mundo que se le ha hecho ininteligible. Durante la dictadura era el Estado el que pagaba a los asesinos a sueldo, en la democracia esos asesinos siguen estando ahí y generan la violencia de otra forma, sólo cambia la forma. Dinero y poder siguen siendo el motor.

En realidad el autor está de acuerdo con el entrevistador cuando este le dice que sus novelas no son policiacas, sino de búsqueda de amor y amistad.
Mallo es descreído respecto a los géneros y considera que solo hay tres tipos de literatura: la buena, la mediocre y la mala. La que más daño hace es la mediocre, porque es la que más se vende.
En todo caso, la suya no es policíaca, es cierto, él escribe sobre la locura. Todos sus personajes están locos. La locura está instalada en la sociedad y el ser humano es capaz de adaptarse a vivir en un inmenso manicomio.
Hay un símil de capacidad de adaptación: la cucaracha.

¿Cómo está contado todo esto? Pues con unos diálogos, unos personajes y unas descripciones que al entrevistador le parecen estupendos. Sus diálogos, nada convencionales, hacen que al leer se participe en lo que acontece.
"Yo escribo novelas incompletas", nos dice el autor. Las dos novelas fueron mutiladas en treinta o cuarenta páginas ¿Por qué? Porque el lector las completa, apenas es necesario describir, el lector sabe completar con sus propias imágenes, con su propia biografía.

Y llega el momento de demostrar todo esto, de enganchar al lector asomándonos a las primeras páginas de sus novelas.
Ernesto Mallo hace la lectura en la que "completamos" el horror de encarar un nuevo día, el abismo de saltar de la cama y también lo que puede significar la cárcel y la calle alternándose en un recorrido igual de peligroso.

En un futuro próximo veremos a Lascano envejecer. La novela siguiente ya está hecha y trata de tráfico de mujeres y prostitución.
Lascano busca a una niña desaparecida y en ello están implicados políticos y policía.
Habla de ciudades con apariencia de paraísos y de un policía que sigue siendo bueno pero que no tiene amigos y está en ese momento en que se mira al espejo y ve a un jubilado.

En la despedida se habló de la Argentina de aquí y de ahora, de su "primaverita" económica vendiendo soja a los chinos y descubriendo pozos de petróleo y de su cine, que al escritor no le gusta demasiado, pero que reconoce que tal vez le traicione la visión tan crítica que con que juzga el arte. Él es de los que ve siempre "el pelo en la sopa", y también en su sopa, por supuesto.
Tal vez esa mirada crítica es lo que le da a sus obras la calidad que los demás podemos disfrutar.

El punto siguiente es el recuerdo de que tenemos un relato que hacer: el que nos inspire esa fotografía de hombres oscuros y luz que los asombra. Es el NO concurso, no premiado, que nos llevará a ser autores, casi.

Y para el próximo Sábado negro: una fecha (26 de noviembre), un lugar (librería Muga, de cuando éramos jóvenes, en Vallecas) y dos autores (Alejandro M. Gallo y Alberto Vázquez).

La despedida fue con música, Sur o no sur, y con el vídeo que nos llevaba directos a la "Embajada de Utopía".

Gracias, Manolo, una vez más.

Carmen Mateos


Imagen Ernesto Mallo
(Ernesto Mallo)
Fotografía: © Manolo Rodríguez