Imagen Jimmy Rushing Imagen Rushing

Jimmy Rushing (Oklahoma City, 26 de agosto de 1903 - 8 de junio de 1972) fue un cantante y pianista de blues y jazz estadounidense, especialmente reconocido por su trabajo en la orquesta de Count Basie entre 1935 y 1948.

Trabajó sucesivamente con los Walter Page's Blue Devils en 1927, con la orquesta de Bennie Moten en 1929 y desde 1935 con la orquesta de Basie.

Nacido en una familia de tradición musical, su padre, Andrew Rushing, fue un trompetista y su madre y hermano fueron cantantes. Siguiendo esta tradición, ya de joven Jimmy realizó giras como cantante de blues itinerante por el Medio Oeste y California en 1923 y 1924, antes de trasladarse a Los Ángeles, donde cantó con Jelly Roll Morton. Luego trabajó con the Billy King y en 1927 con los Walter Page's Blue Devils. En 1929, junto con otros músicos de los Blue Devils, se marchó a trabajar con la orquesta de Bennie Moten.

Moten murió en 1935, y Rushing se unió a Count Basie en una relación que duraría 13 años.

Derivada de su relación con Moten, el estilo de Jimmy era el de la tradición del jump blues de Kansas, como lo demuestran sus versiones de Sent For You Yesterday y Boogie Woogie con la orquesta de Basie. Tras separarse de Basie, su carrera, tanto como solista como miembro de orquestas, entró en un periodo de esplendor.

Cuando se deshizo la orquesta de Basie en 1950 se retiró durante un tiempo, hasta que se decidió a formar su propio grupo. Trabajó también con Duke Ellington para el disco de 1959 Jazz Party.

En Youtube hay algunos videos muy interesantes que nos permiten ver y oir a Slim amp; Slam, os indicamos algunos de ellos:

http://www.youtube.com/watch?v=A_g78VXusH4
http://www.youtube.com/watch?v=XVtfCVWUF4E

También pueden escucharse algunas de sus interpretaciones como cantante en la banda de Bennie Moten en un lugar maravilloso, Internet Archive, que dispone de una gran cantidad de información de todo tipo y donde mucha de ella es de dominio público o tiene asociada una licencia Creative Commons:
http://www.archive.org/details/BennieMotensKansasCityOrchestra-31-40


Crónica de Carmen Mateos (1 / 5)

Un hombre corpulento toca el piano en un corto en blanco y negro. Se llama Jimmy Rushing, su música es jazz americano y con su ritmo comenzamos la 36 edición de "Sábado negros".
Es 9 de abril y en "Traficantes de Sueños" casi hace calor.


Imagen de Luis Gállego Imagen Al borde del peligro

Nuestro colaborador Luis Gállego nos habló, una vez más, de cine negro. En esta ocasión su trabajo llevaba por título El policía corrupto en el cine negro clásico.


Crónica de Carmen Mateos (2 / 5)

Hoy vamos a saber un poco más de cine negro. Luis Gállego se encargará de ello abordando el tema del policía corrupto en este cine, en su periodo clásico.
Lo primero es acotar el concepto de clásico, que él sitúa entre:
- "El halcón maltés" (John Huston 1941), y
- "Sed de mal" (Orson Welles 1958).

Atendiendo a la historia de la censura en el cine, señala Luis cómo se dio la paradoja de que la industria se vio obligada al desacato de su propia autocensura, ya que los criterios económicos (tras la Crack del 29) se impusieron.
Para atraer más clientes hubo que recurrir a los temas que más interés despertaban, dichos temas se concretaban en:
- Delincuencia violenta.
- Erotismo prohibido.
En torno al primer tema sólo hay que recordar que en 1930 se estrenaron 9 películas de gangsters, en 1931 se estrenaron 26 y en 1932 llegaron a los 28 estrenos.
Respecto al erotismo, fue la actriz y guionista Mae West la que, con sus diálogos ingeniosos y picantes, desató abiertamente la ira de los católicos. Ahora bien, la censura pasó a ser tan férrea que también pasó a ser cuestionada y en definitiva abolida, salvo en casos de flagrante obscenidad.

Precisamente aprovechando las grietas de la censura aparecen las películas de policías corruptos. Policías que actúan en torno a tres tipologías:
- El poder policial ejercido para beneficio personal.
- El poder policial ejercido de forma autoritaria.
- El poder policial ejercido para delinquir.
El ejemplo del primer caso es una secuencia de Al borde del peligro (Otto Preminger, 1950). En esta película, pese a que el prestigio del cuerpo policial queda salvaguardado, sí es cierto que logra crear la inquietud de que también entre los policías podría darse el caso de comportamientos desviados.
El segundo tipo, queda ejemplificado a través de una secuencia de La casa en sombras (Nicholas Ray, 1951). Su tesis final es la de la redención a través del amor a una chica ciega, pero tal vez los problemas con la censura tuvieron mucho que ver con este final, para el que el director tenía planeado un desenlace mucho más negro.
Respecto al tercer tipo de policía corrupto, fue ilustrado por una secuencia de El cuarto hombre (Phil Karlson, 1952). El corrupto es aquí un expolicía que organiza el robo de un furgón blindado, sin que el resto de la banda sepa su identidad. En medio de un argumento alambicado la policía queda aquí en una situación moralmente ambigua y minusvalorada ya que es necesario que el caso sea resuelto con la participación de un civil.

Las preguntas fundamentales que surgen a raíz de este tema, darían para debatir durante unos cuantos Sábados sin prisas:
- ¿Quién controla a los encargados de mantener el orden?
- ¿Qué puede hacer el ciudadano para evitar sus abusos?
- ¿A qué intereses sirven las leyes que ellos aplican?


Imagen Pepe Gálvez Imagen de Mil vidas más

En esta jornada tuvimos la suerte de contar con la presencia de Pepe Gálvez. No era la primera vez que nos visitaba.
Presentaremos la obra Mil vidas más.

Pepe Gálvez es el guionista de Mil vidas más (Edicions de Ponent), el reciente Premio Nacional de Cómic de Cataluña.
Esta obra, dibujada por Alfonso López y con ilustraciones de Joan Mundet, narra diferentes episodios de la vida de Miguel Núñez, militante comunista en la clandestinidad durante el franquismo.


Crónica de Carmen Mateos (3 / 5)

Imagen de Pepe Gálvez
Pepe Gálvez y Manolo Rodríguez
Fotografía: © Luis Morate

Y pasamos del cine a la historia. A la historia que vivió un hombre nacido en Lavapiés, que se llamaba Miguel Núñez y que nos viene presentado por Pepe Gálvez.

Pepe Gálvez nos habla de este héroe a través de una novela gráfica, Mil vidas más, advirtiéndonos también de la existencia de una película reciente, Al final de la escapada, realizada por Albert Solé. Ambas, novela gráfica y película, tratan de recuperar la historia de los opositores a Franco.

La novela trasciende de la propia vida de Miguel Núñez al trasmitirnos sus propios valores, que no son otros que la república, la democracia, no aceptar la derrota... tal vez sus destinatarios podrían ser, entre otros, los jóvenes de ahora.

No aceptar derrotas marcó su vida: ni la tortura pudo con él, ni la cárcel, ni su salud que declinaba y que todavía le permitió reivindicar una muerte digna. No le permiten la eutanasia pero al final de su vida, con medio pulmón y su cabeza muy entera, sabe que aunque no se la permitan la libertad de elegir cómo vives ha de prolongarse en elegir cómo mueres.

Mil vidas más se puede decir que es un mestizaje entre texto e imágenes. Hay en ella una alternancia de momentos duros (tortura) y momentos humorísticos. La primera historieta se hace en el verano de 2008 con la intención de que Miguel pudiera ver algo de la novela. Su muerte tuvo lugar precisamente en ese año, él tenía 88.

Los dibujos son muy realistas, lo vemos en las viñetas que se proyectan en la tarde de Sábados Negros, en las que está claro que hay simbiosis entre horror y humor, como aquella en la que Tomasa Cuevas es ayudada por la Guardia Civil franquista a transportar armas para la guerrilla, o la que subraya que las monjas están mejor "sin bigote", si quieren ser unos guerrilleros convincentemente disfrazados.
Tampoco el humor abandonó a Núñez en instantes decisivos a juzgar por el que conservaba al final de su vida: cuando lo admiran porque él nunca ha estado "paradito", recuerda que "paradito" estuvo 17 años en Burgos (las cárceles no dan para mucho trasiego).

Hay también un colofón en el documental de Albert Solé que entronca la biografía de Miguel Núñez con la historia reciente de España, son las palabras de Marcos Ana en las que reconoce que sí, que hay que pasar página, pero "después de haberla leído".


Imagen José Javier Abasolo Imagen de Pájaros sin alas

El autor invitado del mes de abril fue José Javier Abasolo.

Comentamos con él su novela Pájaros sin alas.

Mikel Goikoetxea, más conocido por Goiko, en su tiempo uno de los mejores investigadores de homicidios, sobrevive haciendo trabajos como detective desde que se vio obligado a solicitar la excedencia en la Ertzaintza, la Policía Autónoma Vasca, cuando su vida, su reputación y su matrimonio se derrumbaron por culpa de una falsa acusación de pertenecer a una red de pederastas.

Convertido en un apestado social tan sólo unos pocos ex compañeros le ayudan enviándole clientes, como un conocido notario de Bilbao que un día acude a su despacho para pedirle que investigue las causas de la muerte de su mujer, ya que sospecha que ha sido asesinada.

Pese a su inicial escepticismo, pronto comprobará que el notario tenía razón y que tras la trágica muerte de la mujer se escondía una peligrosa trama en la que acabará implicado no sólo profesional sino también personalmente.


Crónica de Carmen Mateos (4 / 5)

Imagen de José Javier Abasolo
José Javier Abasolo y Manolo Rodríguez
Fotografía: © Luis Morate

La bienvenida al autor invitado rompió los moldes de los Sábados Negros. Fue en griego y con alegres imágenes futbolísticas del Athletic Club de Bilbao ganando al Madrid en el partido del pasado año. Claro que no era para menos si el autor, José Javier Abásolo había renunciado al partido del presente año, ya fuera en San Mamés o en una buena pantalla de televisión para estar con nosotros en este Sábado Negro.

Por otra parte, allí éramos todo oídos para que nos contara cosas de su última novela, Pájaros sin alas, publicada en 2010.

De su conversación aprendimos muchas cosas: que la protagoniza un ex-ertxaina, Goiko, al que acusan tramposamente de pederastia; que tras el rechazo de sus compañeros y la separación de su mujer, sobrevive como detective; que un notario le encarga que investigue sobre la muerte de su mujer, que se sospecha no ha sido un accidente...

Bien, un ex-policía que termina de detective puede prometer convertirse en un tópico, pero según su autor "se la juega" y hace una historia del siglo XXI.
La pederastia no estaba de moda cuando comenzó la novela, pero tampoco la historia pretendía ser de detectives (en España apenas pueden actuar), sino más bien de la soledad del inocente, en este caso marginal.
Goiko tiene algo de apestado y hay algo de autocensura que hay que superar para hacer que un ex-ertxaina sea el protagonista de una novela negra.

Y si Goiko habla desde el "yo" hay un contrapunto, un sicario rumano, que se expresa en segunda persona. Personaje importante este sicario que con esa segunda persona parece dialogar consigo mismo. Un valor, esta alternacia de personas verbales, que aleja, formalmente, a la novela del tópico.

Aparte de este Goiko con futuro (va a aparecer en más novelas) hay otro protagonista en la novela: Bilbao.

Hoy día que está de moda hacer turismo literario, Bilbao podría prestarse a revivir en sus puentes, su ría y sus calles, estos Pájaros sin alas, cuyo título es un homenaje a Mikel Laboa y a su canción Txoriak, txori que dice:
Si le hubiera cortado las alas
sería mío
no se habría escapado
pero ya no hubiera sido nunca más un pájaro
y yo amaba al pájaro


Imagen de Armando Guerra
Armando Guerra y Ángel Lacalle (en la pantalla)
Fotografía: © Luis Morate

Crónica de Carmen Mateos (5 / 5)

Nos despedimos sin risas.
Con el cante flamenco más dramático: la seguiriya, interpretada por Tía Anica la Piriñaca.
Sentimos la ausencia de nuestro compañero Ángel Lacalle, aunque todavía no acabamos de creérnosla.
Sí, como nos dijo Armando Guerra, "entre dos Sábados negros se nos ha marchado", pero nunca del todo.


Imagen Final
(De izquierda a derecha: Luis Gállego, Pepe Gálvez,
José Javier Abasolo y Manolo Rodríguez)
Fotografía: © Luis Morate