Imagen Slim amp; Slam Imagen Slim and Slam

Slim and Slam, fue una pareja musical formada en las años 30 del siglo pasado por Bulee "Slim" Gaillard (voces, guitarra y piano) y Leroy Elliott "Slam" Stewart (bajo y voces). Produjeron varios temas novedosos en el jazz con la sorprendente voz de Slim y sus scats (el cantante emite sonidos inconexos en lugar de palabras completas), su argot y su palabras inventadas.

Este duo es un excelente ejemplo de la innovación y la evolución que se produjo en el jazz al final de la década de los 30 del siglo XX.

En Youtube hay algunos videos muy interesantes que nos permiten ver y oir a Slim amp; Slam, os indicamos algunos de ellos:

http://www.youtube.com/watch?v=x4irWkz1awE
http://www.youtube.com/watch?v=qrcZqnICYbs

También pueden escucharse algunas de sus canciones en un lugar maravilloso, Internet Archive, que dispone de una gran cantidad de información de todo tipo y donde mucha de ella es de dominio público o tiene asociada una licencia Creative Commons:
http://www.archive.org/details/SlimAndSlam

Crónica de Carmen Mateos (1 / 5):

Con Slim and Slam comienza la marcha de la 35 sesión de Sábados Negros, la 26 en Traficantes de sueños.
El vídeo de 1938 es un derroche de buen humor y calidad.
Los empleados negros bailan frenéticos, contagiándonos de ritmo.
Lo curioso es que no parecen necesitar espectadores: bailan por y para ellos mismos, aunque al final sí tengan aplausos calurosos de tres blancos dentro del corto y de un grupo de aficionados a los Sábados negros, que disfrutamos y agradecemos su "manual" de baile.
¡Qué maravilla de dinamismo y desenfado!


Imagen Friedrich Dürrenmatt Imagen de La promesa

Friedrich Dürrenmatt (1921 - 1990) fue un pintor y escritor suizo en lengua alemana. Hombre polifacético, fue un gran autor teatral; escribió, para la radio y la televisión, ensayos literarios, filosóficos y novelas, la mayor parte policíacas.

En 1958 recibe el encargo de hacer un guión para una película que dirigiría Ladislao Vajda y que llevaría el título de El cebo.

Parece ser que posteriormente no satisfecho con el camino que seguía el guión en la película, Dürrenmatt decidió darle forma de novela para poder expresar sus ideas libremente sin los condicionantes económicos y de final feliz que le exigían en el cine.
La novela llevará el título de La promesa.

Manolo Rodríguez nos animó a leer esta novela que llevó por subtítulo Réquiem por la novela policíaca, así como visionar las dos películas que hacen referencia a la misma, por un lado la original El cebo (1958) de Ladislao Vajda y por otro la que en 2001 realizó Sean Penn con el título de El juramento.

Imagen de La promesa 2
Fotografía: © Luis Morate

Crónica de Carmen Mateos (2 / 5):

A continuación y a cargo de Manolo Rodríguez, una recomendación cultural muy sustanciosa:
- Véase la película El cebo (1958)
- Léase la novela La promesa (1958)
- Véase la película El juramento (2001)
Y si no queda satisfecho...

La recomendación tiene tan buen aspecto que es difícil sustraerse a ella.
De la película El cebo, dirigida por Ladislao Vajda y en blanco y negro, vimos un diálogo de policía y psiquiatra en el que tuvimos la sensación de conocer al asesino.

De la novela La promesa nos enteramos de datos fundamentales: que Friedric Durrenmatt la escribió sobre un guion que le habían encargado para hacer El cebo y que como no quedó satisfecho escribió la novela; que es la historia del asesinato de una niña de ocho años; que el crimen tiene un asesino casi inmediato; que el policía intuye que no es el verdadero asesino y que se pone a investigar por su cuenta después de prometer a la madre de la niña que él hallará al auténtico culpable.

Friedrich Durrenmatt pretende con su novela criticar esa Suiza que en su intento permanente de parece neutral se presenta con una casta dama aunque en el fondo tenga más de prostituta de burdel.

De la película El juramento, dirigida por Sean Penn, vimos el instante en que el policía, Jack Nicholson, promete a la madre de la niña encontrar al asesino.
Cuarenta y cuatro años después de El cebo es interesante comparar ambas, tras el paso por la lectura de Durremant.

En definitiva, un buen programa triple.


Contamos con una nueva intervención de Teresa Alonso quien nos presentó otra de sus sorpresas. Este sábado su comentario llevó por título: Que todo lo que me pasa no me lo puedo creer.

Imagen de Teresa Alonso Imagen de Teresa Alonso 2
Fotografías: © Luis Morate

Crónica de Carmen Mateos (3 / 5):

Como siempre, y no hay manera de que nos defraude, ella, Teresa Alonso, nos habla de una pintora cuya obra ya es imposible que se nos olvide.
Se trata de Ángeles Santos (Port Bou, 1911, a punto de cumplir 100 años).

Lo más interesante es lo que pintó con diecisiete años.
Recibió visitas de Lorca, se carteó con Ramón Gómez de la Serna, fue admirada por la intelectualidad de la época... pero también se obsesionó, se sintió presionada y llegó a un agobio que la hizo marcharse de casa, que la llevó a un internamiento psquiátrico y en definitiva la "rompió" como pintora diferente.

A partir del año 35 pasó a pintar cosas convencionales con un estilo convencional.
Muy lejos de todo lo que tuvimos la suerte de disfrutar el sábado de la mano de Teresa:
Un mundo que no es redondo, sino un cubo con caras en las que está su mundo: una iglesia, un cine, un río, un verano feliz, un ferrocarril que no se para, un árbol con una serpiente enroscada, una niña con mirada atónita o un hombre que mata a otro hombre.
Una Tertulia cuya modernidad contrasta con la del café de Pombo, solo que la de Solana es más tópica en el colorido.
Una Mujer dormida, con piel de bronce, que tal vez sueña con lo que tres huevos que aparecen en el cuadro pueden simbolizar: virginidad, sexo, maternidad.
Hay también cuadros con flores, calavera y cuchillo, con el hijo del carnicero que posa desnudo al lado de una niña con cara de adulta, con una cena que parece una sátira de cena familiar, con un autorretrato que la plasma con esa mirada atónita que tal vez explica toda su pintura.

Gracias a las dos: Ángeles y Teresa.

Imagen de Ángeles Santos
Mujer dormida - Ángeles Santos


Imagen José María Guelbenzu Imagen de Un asesinato piadoso

El autor invitado del mes de marzo fue José María Guelbenzu.

Comentamos con él su novela Un asesinato piadoso.

Los crímenes siempre suceden el día menos adecuado. Sobre todo para el asesino si es la Juez De Marco la encargada de investigarlos. Imposible escapar a la certera combinación de carácter y delicadeza de Mariana que, incluso en mitad de un romance, no deja escapar un solo detalle. Y mucho menos a un asesino.

En la nueva novela de José María Guelbenzu nada es lo que parece. Un asesinato piadoso supone la continuación de la brillante carrera como investigadora de la Juez Mariana De Marco, que cada vez cuenta con más seguidores, hipnotizados por su diligencia, su figura atlética y su determinación. Sin dejarse engañar por falsas coincidencias, la Juez desenmascara nuevamente al criminal, que se esconde en esta ocasión en una ciudad del norte entre los miembros de una misma familia con inconfesables propósitos. El autor consigue atrapar al lector y mantenerle en tensión página tras página, resolviendo magistralmente un duelo intenso entre la investigadora y el asesino que no cesa de crecer hasta el inesperado desenlace. La música, la literatura y el paisaje juegan también en esta ocasión un papel imprescindible.

Un asesinato piadoso es una nueva novela policíaca con todos los ingredientes que han hecho que la serie protagonizada por la Juez De Marco se consolide con un éxito extraordinario entre los lectores.

Imagen José María Guelbenzu 1 Imagen José María Guelbenzu 2
Fotografías: © Luis Morate

Crónica de Carmen Mateos (4 / 5):

Y para terminar, José María Guelbenzu, el autor de tanta buena novela no-negra, que se declara no ser, inicialmente, un escritor de novela policíaca, nos ofrece un montón de conocimientos sobre el tema, tanto de novela policíaca, como de novela negra, como de una jueza, (la protagonista de sus novelas) a la que aparte de conocerla, sigue descubriendo poco a poco.

Respecto a la novela policíaca nos remite al esquema típico, del que él es partidario, es decir: un crimen, un criminal, un detective brillante y algunos sospechosos.
Con todo ello se hace un juego en el que se platea al lector el reto de descubrir al asesino. El lector, eso sí, no puede tener menos pistas que el detective, el cual no puede sacar conejos de la chistera.
Esta novela policíaca procede de Conan Doyle y se da sobre todo en el periodo de entreguerras, tal vez como modo de olvido. Tras la Segunda Guerra mundial, ya no se juega y se da paso a otro tipo de novela cuyo ejemplo podría ser La bestia debe morir, de Cecil Day-Lewis (bajo el pseudónimo de Nicholas Blake).
El giro es radical y el peso de la novela lo lleva lo psicológico y lo moral.
De este tipo es el problema del padre que no sabe si matar o no al conductor borracho que ha huido después de haber matado a su hijo.

Por otra parte, en Estados Unidos surgen autores, como Dashiell Hammett, en torno a los tiempos de la depresión, con mafias, violencia y una idea de que tras todo crimen hay problemas de la sociedad entera.
La novela policiaca sale a las calles.

Para un lector apasionado, la novela policíaca enseña algo fundamental: la distancia.
Esta distancia es lo que a Guelbenzu le permitió darse cuenta de que las novelas se construyen, no se escriben de forma espontánea y sin artificio.
A veces, esa construcción novelesca puede darse en torno a una sola pregunta. Así es el caso de No acosen al asesino (2000) en la que Guelbenzu confiesa que "quién mató" y "cómo lo hizo" está resuelto en la primera página y solo con el "porqué" mantiene el interés hasta el final de la novela.

En cuanto a la novela negra, reconoce que está más próxima a la realidad, por ejemplo en cuanto a que los asesinos son poco inteligentes y en cuanto a su capacidad de crítica social.
Eso sí, la novela negra deriva hacia asesinos en serie, hacia el psicópata que diríamos no tiene mérito puesto que no hay que justificarlo. Las que no van de psicópatas van de denuncia social pero en el sentido de grandes conspiraciones, descabelladas, que cada vez le gustan menos a nuestro autor-conferenciante.

Esto no impide que sí reconozca novelas negras interesantes, europeas, como pueden ser las del francés Simenon o las de los suecos Peer Wahlöö y Maj Sjöwall.
Teme, no obstante, que la novela negra europea está también comenzando a disparatar y a representar el mundo del mal a través de la conspiración universal.
En definitiva, motivaciones como la codicia o la venganza, propias de la novela policíaca, le atren más que la novela negra.

Ante la pregunta de si Mariana de Marco seguirá así de íntegra, el autor responde que no lo sabe, que realmente Mariana de Marco instruye el juicio, pero el juicio como tal corre a cargo de otro juez. Ella investiga.
Ha llegado ahí después de estudiar derecho, de casarse con otro abogado, de compartir bufete con él, de divorciarse y, como él se queda con todo, hacer unas oposiciones a juez.
Es inteligente, cultivada y ha de adaptarse a la España que vive.
Actúa en G... y en núcleos pequeños se analiza mejor el alma humana.
Ella está en esa línea de jueces que tienden a ver una víctima en el reo y tal vez podemos vaticinarle problemas el día que tenga que enfrentarse con los intereses del cuerpo judicial.
Mariana en su día se enfrentó a los grises pero ahora es indudable que hay una policía más evolucionada.
También en la vida española las cosas han cambiado y puedes encontrar un capitán López, guardia civil auténtico, que presente tu libro policíaco en el que habita un personaje con su mismo nombre.


Imagen de El gran dictador

Y como siempre, después de tantos asesinos, cuerpos sangrantes y sospechosos varios, terminamos con una sonrisa ya que la vida sigue siendo bella a pesar de lo que vimos y oímos.
El día 12 de marzo visualizamos una escena de una excelente película: El gran dictador del magnífico Charlie Chaplin.

Crónica de Carmen Mateos (5 / 5):

La despedida no fue risueña sino a carcajadas.
No hay otra manera de ver esa secuencia de El gran dictador (1940) en la que los héroes de Chaplin, con él incluido, prefieren tragarse las monedas-sorpresa a inmolarse por la patria.


Imagen Final
(De derecha a izquierda: Teresa Alonso, José María Guelbenzu y Manolo Rodríguez)
Fotografía: © Luis Morate