Un nuevo Sábado Negro tuvo lugar el día 27 de noviembre de 2010 en la Librería Traficantes de Sueños.
En esta ocasión, el frío no mermó la asistencia y la mesa también aparecía a tope cuando comenzó la sesión a las 18:30. En ella veíamos a María Antonia Madroñero, a Óscar Urra y a David Panadero, que nos iban a hablar del cineasta (y marido de María Antonia), Joaquín Jordá.


Imagen Ruth Brown Imagen Ruth Brown

Antes de ello, como siempre la música, esta vez a cargo de Ruth Brown (1928-2006), que derrocha voz, jazz, rhythm and blues y rock en un escenario evocador de los años 50.


Imagen Didier Daeninckx Imagen de Asesinatos archivados

También para comenzar, ofreció Manolo Rodríguez la recomendación habitual de una novela:
Asesinatos archivados de Didier Daeninckx que había sido sugerida por la escritora Dominique Manotti.

Daeninckx nos relata en esta novela el testimonio de los asesinatos que tuvieron lugar en el París de 1961 cuando la policía reprime de forma brutal una manifestación de argelinos. De las noticias de dicha represión faltaron 397 cadáveres.
Esta es la denuncia: los datos oficiales hablaron de 3 personas muertas, los históricos pueden hablar de 400 asesinatos archivados, pero no son los historiadores los que pueden investigar sino, según el novelista, sólo un detective puede llegar a la verdad.

Con este secreto de Estado cargan los franceses, en la imagen que nos brinda Daeninckx, como el hombre que en la secuencia buñueliana ha de arrastrar piano, burro y semiraristas, es decir, con un peso demasiado grande que encorva su espalda.
Hay que asumir el pasado para que podamos mirar al futuro limpiamente.


Imagen Joaquín Jordá Imagen de De nens

El homenaje a Joaquín Jordá (1935-2006), Premio Nacional de Cinematografía 2006, se apoya sobre todo en uno de sus documentales, De nens, con el que se pone de manifiesto la manipulación que pudo existir en el "Caso de pederastia del Raval" ocurrido en el año 1997.

A través de unos cortes muy expresivos de dicho documento cinematográfico queda claro que los intereses urbanísticos pudieron ser el detonante para el juicio y las penas que tuvieron lugar.

David Panadero dice que Jordá le recuerda a Buñuel en el sentido de que cuando al aragonés le preguntaban por el motor de sus películas decía que muchas veces lo encontraba en las páginas de sucesos.
Panadero cree que elevaba a universales realidades cotidianas y eso mismo puede decirse del director homenajeado: Jordá también antepone la realidad cotidiana e, incluso, valientemente sus propias experiencias por encima de ideologías y grandes principios.

Por su parte, el autor Óscar Urra, al hilo de lo que dice David Panadero confiesa que le gusta de Jordá su apego a lo humano y resalta cómo en la escena del juicio (con los jueces dormidos) converge todo lo narrado en el documental.
Para este autor, cualquier película de Jordá es una experiencia única y uno no es el mismo antes y después de verla.

María Antonia Madroñero nos lee una entrevista que en su día le hicieron a su marido y denuncia cómo estuvo todo amañado para que hubiera que sajar el Raval y reconvertirlo, sospechosamente, en suelo edificable.
Señala cómo Tamarit, fue acusado sin demasiadas pruebas de pederastia y condenado a 70 años de cárcel.
Encomia también la calidad de las tomas con las que su marido quiso demostrar que no se trataba de secuencias manipuladas, sino que realmente los jueces dormían durante el juicio.
Al cineasta le preocupaba más la verdad que la objetividad y María Antonia habla de cómo pueden disfrazarse las realidades haciendo artistas a los proletarios en paro y haciendo bohemios a los que, simplemente, pasan hambre.


Imagen Matías Néspolo Imagen de Siete maneras de matar a un gato

Por último, se da la bienvenida con un vídeo musical a Matías Néspolo (Buenos Aires, 1975). Al autor le gustó, y al público está claro que también. Es imposible, casi, que no guste una canción tan ingeniosa, Sur o no sur, y una puesta en escena tan ocurrente con cantantes caminando, rítmicos y originales, hacia la Embajada de Utopía.

La primera parte de la entrevista se dedicó a la crítica literaria y la pregunta fue directa: ¿se puede vivir de la crítica literaria? Para Néspolo, la crítica, sobre papel, es casi un anacronismo y los críticos, al menos los de su edad, realizan otras actividades (por ejemplo, dar clases) para ganarse la vida.
No obstante, el autor sí la considera necesaria, pero relativiza la voz de los críticos (en España más mitificados que en Argentina) y la equipara, en ocasiones, al boca-oreja que nos sirve para acercarnos a un libro y no a otro.
Cita Néspolo a Ricardo Piglia que en esto de la crítica reconoce que La literatura es un estado ácrata y la última palabra se la da a las obras la justicia poética de la historia (si somos optimistas), colocando a cada libro en el puesto que realmente merece.
Por otra parte, sí puede creerse en la integridad de los críticos, pero es algo difícil considerarlos del todo libres.
A la pregunta de si los crìticos son escritores frustrados, Néspolo dice que, en este sentido, él cree en los tópicos, pero con la salvedad de que no a todos hay que ponerles la etiqueta de resentidos escritores que no llegaron a serlo.
Preguntado por el valor de la selección de 22 narradores jóvenes en castellano realizada por la revista anglosajona Granta, en la que está incluido nuestro entrevistado, Néspolo responde que sí parece obedecer a una apuesta por lo que creen de calidad y que de hecho esta revista se puede vanagloriar de haber anunciado nombres que fueron famosos, tras haberlo pronosticado ellos.

Para terminar este apartado, Néspolo nos recomienda dos autores: el argentino Hernán Ronsino y el mexicano Jury Herrera.

Siete maneras de matar a un gato ocupa el resto de este Sábado Negro.
Se trata, según su autor, de una cárcel sin barrotes en la que es fácil caer y de la que es muy difícil salir. Es la cárcel de la miseria, de la droga, y de la violencia y de historias repetidas que dejan muy poco espacio para la esperanza (el marginal El Gringo ha tenido de modelo a El Toni y a su vez será modelo de un niño, El Quique, que ya le echa una mano cual escudero-delincuente).
Esta miseria desesperanzada se sitúa físicamente a dos manzanas de una clase media, cada vez menos media, y los hijos de ambas clases comparten juegos e instituto.
¿Quién puede contar estas vidas desastrosas? Indudablemente, el que no forma parte de ellas, sólo se puede hablar de El Chueco, de El Gringo, de La Yanina o de El Gordo Farías si no se es uno de ellos y hemos tenido la suerte de que nos la han contado muy bien, sin paternalismos y con sensibilidad, sin concesiones y con un estilo brillante.
La historia es mezquina, es de sálvese quién pueda, pero la narración de esa historia no puede ser más espléndida ni más generosamente elaborada: no le sobra, ni le falta, una sola palabra.
Sus páginas merecen ser devoradas al tiempo que hay que pararse para subrayar sus frases: "No sé lo que quiero, pero lo quiero ya". "No puedo sacudirme las hilachas de angustia que llevo dentro". "Yo no sé mentir, por eso falto a la verdad con cierta lógica". "El barrio, el hambre, el destino, el miedo... De alguno de esos brutos somos hijos. Y da lo mismo. Son todos padres feroces".

Al referirse al lenguaje en que nos llega esta historia bonaerense, el autor recuerda que entre lo hablado y lo escrito siempre hay un hiato abismal, el desafío está en que lo escrito resulte verosímil y eso es lo que él ha pretendido.


Imagen Groucho Marx

Hay una nueva forma de despedirnos: el humor.
En este caso nada menos que a cargo de los Hermanos Marx y la lucha de Groucho ante el espejo en la secuencia de Sopa de ganso.


Crónica realizada por © Carmen Mateos

Imagen de participantes Joaquín Jordá
Fotografía: © Luis Morate

Imagen de Matías Néspolo
Fotografía: © Luis Morate