Autores y libros de Sudáfrica y de Francia llenaron la tarde del Sábado Negro del 6 de noviembre de 2010.
Todo ello con la puntualidad de siempre y la ambientación musical tan bien elegida como siempre.
A la par que nos reencontrábamos un sábado más, escuchábamos la música de Sarafina!, del musical del mismo nombre.

Imagen James McClure
Imagen de The Steam Pig Imagen de El leopardo de la medianoche Imagen de El huevo con truco

La tarde comenzó sudafricana con ambientación visual y musical: un vídeo en el que Hugh Masekela cantaba Bring Back Nelson Mandela y en el que se suspiraba por la liberación de Nelson Mandela, al que se deseaba ver paseando por las calles de Soweto de la mano de Winnie Mandela.

Traficantes de sueños se llenó de "marcha" sudafricana y fuimos todo oídos ante las palabras de José María Sánchez, que nos habló de este país a través de dos autores:
Deon Meyer y James McClure.

El primero, Deon Meyer, en sus novelas deja claro que en Sudáfrica no se convive, simplemente se cohabita. La sociedad que refleja es violenta, casi llega a ahogarnos con sus crudas descripciones, tanto la primera novela presentada El corazón del cazador, como la segunda El pico del diablo son apasionantes y duras y en ellas se mezclan la violencia, el sida y también el miedo a saber en qué manos estamos.

De James McClure nos presentó tres novelas. La primera, The Steam Pig (escrita en quince días), a través de sus dos personajes fundamentales, un teniente blanco y un sargento negro es una crítica a la situación sudafricana de la que no salva ni a blancos ni a negros.
La segunda, El leopardo de la medianoche, gana en crudeza al tratar de los más dábiles, los niños.
Por último, El huevo con truco, repasa a la burguesía cultural sin dejar títere con cabeza. La brutalidad se agudiza hasta llegar a un final en el que se plasma todo el daño que podemos llegar a hacernos unos a otros, viviendo en sociedad.

No obstante, las novelas de McClure no son solamente crueldad sino también enigma y humor.
Para los dos autores, Meyer y McClure, tiene José María Sánchez palabras de sincera admiración, admiración que junto a sus buenos argumentos, nos dejan convencidos de que estamos ante una literatura atractiva de verdad.

Imagen Deon Meyer Imagen de El corazón del cazador Imagen de El pico del Diablo


Imagen Eloy de la Iglesia Imagen de El diputdo

A algunos directores les interesa más la intensidad de las historias que cuentan que el mero virtuosismo formal. Así nos presentó el escritor cinematográfico David G. Panadero al director Eloy de la Iglesia (1944-2006).
De él analizó, y recomendó la película El Diputado (1979).

Se podría decir que la cámara de cine se torna pistola para contarnos la historia de un diputado del Partido Comunista que se ve desprestigiado políticamente al caer en un cebo de la extrema derecha que pone de manifiesto su homosexualidad.

En las secuencias elegidas por David G. Panadero, ya sea el diálogo en la cárcel con el joven cebo o en el que mantiene con su propia esposa, vemos cómo se pone de manifiesto que pese a haber dejado de ser clandestino todo un partido político, hay opciones sexuales que sí van a seguir clandestinas.

Las películas de Eloy de la Iglesia son, ante todo, testimonio de la calle. Incluso muchas veces no quiere grandes profesionales (aunque en este caso veamos a José Sacristán, a Agustín González o a María Luisa San José) porque ello le restaría valor testimonial y espontaneidad. La película queda revalorizada por sus aspectos sociales, políticos y también por su capacidad de conmover, en palabras de su presentador y a 31 años del estreno en aquella España de recién estrenados partidos políticos.


Imagen Dominique Manotti Imagen de Conexión Lorena

Por último, una profesora de universidad, parisina y sindicalista, que se llama Dominique Manotti es la autora invitada con la que se cierra este Sábado Negro.

El tiempo con ella supo a poco, el público quiso saber y aprovechó la sabiduría de la invitada para preguntarle no ya por sus novelas sino por la vecina Francia en general, tan convulsionada y tan decisiva a la hora de querer entender a nuestra Europa.

Por ello, Francia y la sociedad en general, estuvieron presentes tanto a través de la historia como a través de Conexión Lorena, su última novela.

Para iniciar la charla, la librería la recibe con música Le temps des cerises (El tiempo de las cerezas), Manotti nos comunica que el verso: Siempre amaré el tiempo de las cerezas se utilizaba en una época negra cuando quería decirse: Siempre amaré el tiempo de la Comuna.

La frustración, la ira, la sensación de injusticia entre las clases populares es lo que refleja la Francia de hoy; situación que ella interpreta con lucidez pero también con cautela, señalando que cuando era sindicalista siempre le molestaba la gente que todo lo sabía y todo lo arreglaba desde fuera. Sus frases son de subrayar: nunca se gana con la derrota, hay un sentimiento de no saber cuál es nuestra finalidad o yo soy la mirada desesperada ante una cultura que se muere, son algunas muestras de ello.

No se puede ser optimista cuando uno de los señores más ricos de Norteamérica, el más rico, dice cosas como: La lucha de clases existe, y la estamos ganando, al tiempo que los comedores sociales se están llenando de nuevo y que vemos triunfando ¡y de qué manera! el neoliberalismo.

Para Dominique Manotti es necesario un cambio profundo de la sociedad y ante una pregunta que se le hace sobre si cultura de masas y reflexión no están reñidas, su respuesta permite un destello de optimismo. Sinceramente no cree que no sean compatibles y recuerda que en mayo del 68 participó en un periódico (Los cuadernos de Mayo) que se hacía de la siguiente manera: iban a los sitios de huelgas en los que había gente inteligente, les preguntaban sus fines, luego escribían sobre ello y pasaban a difundirlo por otras empresas.
Ahí aprendió ella a escribir, escuchando y respetando y convencida de que la cultura de masas y la reflexión no son contradictorias.

Cuando se pasa a hablar de su última novela, Conexión Lorena, las cosas no cambian mucho, se sigue hablando de la sociedad en sus cadenas de montaje, en sus inmigrantes, en sus despedidos, en sus ejecutivos desaprensivos, en sus chanchullos financieros, en sus incendios sospechosos y en sus privatizaciones salvajes.
En la novela, eso sí, se concretan las cosas y aparecen nombres propios como Daewoo, Thomson, Polonia o Lorena, pues de todo ello nos habla en sus páginas.
Al final, la autora salva a una mujer y cuando se le pregunta por qué, responde que sí pero que se salva ella sola, que la protagonista entiende con ello que se ha acabado la historia de la colectividad.

¿Se pueden cuestionar después de tanta lucidez las palabras de nuestra autora cuando dice que escribe novela negra porque le parece la mejor manera de hablar de esta sociedad?

Repetimos: un placer tenerla en Traficantes de Sueños y un placer también escuchar sus palabras a través de una traductora que parecía transmitirnos la pasión y la esencia de todo lo que la novelista Manotti nos quería contar.

Y si todo comenzó pidiendo libertad para Nelson Mandela, el final no fue menos emotivo y nos depedimos con un pequeño homenaje a José Antonio Labordeta a través de sus imágenes y su Canto a la libertad.

La presencia de Dominique Manotti en este Sábado Negro fue posible gracias a la colaboración del Servicio Cultural de la Embajada de Francia en Madrid.

Imagen Servicio Cultural Imagen de DeMon

Y también al buen hacer de las traductoras y colaboradoras: Viviana Chalmeta y Diane Lara.

Crónica realizada por © Carmen Mateos

Imagen de Dominique Manotti
Fotografía: © Beatrice Crepon


Imágen Sábado Negro 6 noviembre 2010
De izquierda a derecha:
David G. Panadero, José María Sánchez,
Viviana Chalmeta, Dominique Manotti y Diane Lara

Fotografía: Manolo Rodríguez